Lic. Miguel Fajardo Korea*

El infatigable gestor cultural guanacasteco, Abdenago Torres Meléndez, popularmente conocido como “Nago de Nicoya”, es el creador del Premio La Gran Nicoya. 

Todo empezó con las audiciones sabatinas de su programa “Nago de Nicoya: historia, leyenda y tradición”, transmitido por Radio Sistema Cultural Nicoyano, cuyo gerente es Saúl Cárdenas Vásquez, con el enlace de Marvin Vargas, de la Comisión de Cultura del Concejo de Nicoya.

La distinción se otorga desde el 2013 a una personalidad de la pampa, quien, como mínimo, deben registrar 25 años de intensa y ejemplar labor periodística, científica, artística, literaria, cultural, educativa, filantrópica o comunal, en favor de la identidad del Guanacaste eterno.

Hasta la fecha, los ganadores del Premio La Gran Nicoya son: el periodista José Joaquín Fernández Castrillo, 2013; el escritor e Ing. Carlos Arauz Ramos, 2014; el escritor, pintor y periodista Otto Apuy Sirias, 2015; el Dr. Aquiles Leal Gómez, 2016; y el Lic. Miguel Fajardo Korea, 2017, profesor, escritor y gestor cultural.

La entrega se realiza durante la sesión solemne de la Anexión, del Concejo de Nicoya, el 25 de julio, en el parque Recaredo Briceño Arauz, de la acogedora “Ciudad Colonial”, ante miles de personas y medios de comunicación. 

La Distinción La Gran Nicoya es entregada por el Presidente de la República. Durante cuatro años, le ha correspondido hacerlo a don Luis Guillermo Solís Rivera, junto con la Primera Dama, doña Mercedes Peñas.

Este año, el jurado del Premio, compuesto por diez distinguidas personas, decidió otorgarlo a quien escribe, lo cual conjuga un profundo significado raigal. 

La hermosísima acuarela del artista guanacasteco Rubén Sosa se complementa con una placa, firmada por el Presidente de la República, la Municipalidad de Nicoya y Radio Sistema Cultural Nicoyano.

El Premio La Gran Nicoya es un galardón de altísimo significado espiritual y artístico. Es un reconocimiento inherente, con el legado de quienes nos antecedieron, hace 193 años, en la férrea lucha por el mejoramiento integral de Guanacaste, desde el plurisignificativo grito de la Anexión, incorporación, unión o agregación del Partido de Nicoya a Costa Rica.

La coyuntura de su entrega, el 25 de julio, por parte del Presidente de la República, es un honor invaluable, por la trascendencia histórica del grito pedestal “De la Patria por nuestra Voluntad”, justo, cuando se confiere el Benemeritazgo de la Patria, a los 25 firmantes del Acta de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, en un hecho de justicia histórica que se había tardado inusitadamente.

Es una distinción que reconoce el trabajo cultural voluntario, desplegado con intensidad durante cuatro décadas, desde Guanacaste, para el país, con la conciencia y el compromiso ético y estético del mejoramiento integral, desde la provincia que ostenta el nombre de nuestro árbol territorio.

Las fronteras del espíritu se amplían, con la aportación de los polos interiores de cultura y, entre ellos, Guanacaste es de los más sostenidos y productivos.

El Premio La Gran Nicoya, que alcanza su primer lustro, signa un peldaño de responsabilidades, para seguir luchando por el Guanacaste perenne, que amamos con plenitud, sin sonrojo de ninguna índole, como divulgadores honestos de su identidad distintiva. 

Nuestra provincia jamás debe convertirse en un Guanacaste ajeno, donde seamos inquilinos: sin nuestra propia historia, ni el arraigo cívico de sus habitantes por la cultura vernácula.

Este año, también se confirió el Premio Cupertino Briceño Viales, que recayó en el Lic. Enrique Apoy Chan, notable historiador y educador, de larga trayectoria intelectual en Guanacaste.

En otros años, se han otorgado las distinciones denominadas Odilón Juárez Obando, Plinio Caravaca Cárdenas y Fidel Gamboa Goldemberg.

En síntesis, la Distinción La Gran Nicoya compromete a quienes hemos sido honrados con ella a seguir luchando, con el trabajo y las acciones cotidianas, en aras de fortalecer tanto la identidad como el acervo cultural de Guanacaste: la tierra que amarra los pies, para no que no la dejemos sola.

 

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