Unas 1.500 especies de aves surcan los cielos centroamericanos desde Guatemala y Belice hasta Panamá.

Esta rica biodiversidad llevó a dos empresas versadas en aviturismo a diseñar una ruta para el avistar pájaros por la región, a la vez que el turismo ayuda a las economías locales.

El Central America Birding Trail es el nombre del proyecto desarrollado por Birdwatching Central America y Operador Latino .

“Comparada con otras regiones del mundo, Centroamérica es pequeña en extensión y ahora existen muchas conexiones aéreas de índole regional a bajo costo. Esas son características que debemos aprovechar”, comentó Sergio Arias, director de Birdwatching Central America.

La iniciativa se presentará formalmente en la British Birdwatching Fair que se realizará del 18 al 20 de agosto en Oakham, Inglaterra, así como en la American Birding Expo que tendrá lugar del 29 setiembre al 1°. de octubre en Oaks, Pensilvania, en EE. UU.

“El aviturismo en Centroamérica se puede desarrollar en una sola visita a la región, también país por país o se puede explorar el triángulo norte y luego el sur”, dijo Arias.

Recorrer por completo esta ruta requiere una inversión de tiempo de entre tres y cuatro semanas. “En ese periodo, un observador de aves puede agregar a su lista personal entre 600 y 800 especies”, dijo Arias.

Con el creciente interés de los ticos por observar aves, pues unas 3.000 personas dedican su tiempo libre a ello, este espacio se perfila como una opción para conocer los países vecinos.

Senda por el istmo. Esta ruta centroamericana escogió una especie por país para que fuera su ícono. Los criterios de selección se basaron tanto en su atractivo como en que también son típicas de la región.

“Quisimos obviar las especies que usualmente se utilizan para mercadear el aviturismo y presentar otras para evidenciar esa alta biodiversidad que tenemos”, justificó Arias.

Por Guatemala, se seleccionó a la reinita rosada ( Cardellina versicolor ) y representando a Belice está el yucatán jay ( Cyanocorax yucatanicus ). El colibrí esmeralda ( Amazilia luciae ) engalana a Honduras y el semillero piquirrosado ( Sporophila nuttingi ) a Nicaragua.

Para Costa Rica, la ruta definió al arasarí piquinaranja ( Pteroglossus frantzii ), y el chaboclo de pecho blanco ( Capito maculicoronatus ), para Panamá.

Aparte de las aves, la senda se ancla en zonas donde el endemismo es alto y funcionan como “puntos calientes”.

En Belice, los turistas podrán recorrer los paisajes del Mountain Pine Ridge.

Guatemala posee cinco “puntos calientes”, a saber: Petén, Todos Santos, Atlitán, Tecpán y Antigua.

En Honduras, la ruta se ancla en Pico Bonito y Santa Bárbara, mientras que en Nicaragua es la reserva Indio Maíz.

Con seis “puntos calientes”, la ruta recorre Costa Rica desde Palo Verde, pasando por Carara, Sarapiquí y Los Quetzales, hasta llegar a Osa y Piedras Blancas en el sur.

En el caso de Panamá, los anclajes son Gamboa y Darién.

Turismo comunal. Para Arias, sumado a la naturaleza, esta ruta ofrece una experiencia cultural. Por ejemplo, en el Darién de Panamá, los observadores de aves se hospedarán en las casas de los indígenas.

“La observación de aves es uno de los tipos de ecoturismo que tienen mayor derrame en las comunidades”, dijo Arias y agregó: “El dólar es más social porque los pajareros suelen quedarse en hoteles pequeños, van a restaurantes de la zona, utilizan las gasolineras, compran en farmacias y supermercados, etc. Su dinero sirve para dinamizar la economía local”.

Asimismo, Arias destacó el alto nivel de los guías locales como otro plus .

“Ahora, los guías locales tienen una preparación formal en turismo, pero ellos crecieron viendo esa avifauna y ese conocimiento se le transmite al visitante. No les basta con señalar al quetzal, sino que explican el porqué está en ese árbol, por qué solo se puede ver en determinada región o altitud… Comparten la historia natural del ave, pero también su valor cultural, el cual se evidencia en la iconografía de artesanías y tejidos”, destacó Arias.

Fuente Original