Fernando Berrocal

El pueblo sabe perfectamente bien:

1. Que la responsabilidad de la crisis fiscal es de muchos políticos. Don Abel entregó el país en condiciones estables y fue en el gobierno de don Óscar Arias que el problema fiscal se exacerbó, tanto que entregó el gobierno con un déficit del 5,5% del PIB, el más alto en ese entonces de América Latina. Cuando doña Laura se liberó, reaccionó y presentó un buen plan integral de reforma tributaria y control del gasto público, solo Otón Solís la apoyo. Todos los demás le zafaron la tabla por razones políticas y electorales.

2.- Que el presidente Solís minimizó el tema fiscal por dos años y aumentó irresponsablemente el presupuesto nacional. Nunca antes la viajadera oficial ha sido tan grande. Tampoco les entraron a las indignantes pensiones de lujo, ni a los salarios públicos estrafalarios en las instituciones. Es cierto que Hellio Fallas se ha esforzado por encontrar soluciones, pero ha faltado voluntad política superior, peso específico y mucha capacidad de negociación. 

3.- Que los diputados de todas las fracciones en la Asamblea legislativa no han hecho lo necesario y correcto, ni demostrado poder suficiente y capacidad de negociación efectiva para realizar una reforma tributaria integral y progresiva, exigir la reducción del gasto público y acabar con las pensiones de lujo. El PLN, PUSC, PAC, FA, ML y los partidos menores son solidariamente responsables de todo lo sucedido, excepto don Otón Solís y unos pocos diputados.

Llevamos 11 años de fiesta y el déficit fiscal desproporcionado es insostenible.

Por eso, cuando el presidente Solís se raja como la manta, en vísperas y el día mismo de la Virgen de los Ángeles, pocos políticos con poder real tienen derecho de rasgarse las vestiduras, mucho menos don Luis Guillermo. 

Todos los más altos dirigentes políticos del país con poder real de cambiar las cosas, así como las altas cúpulas partidarias y, sobre todo, los diputados de la Asamblea Legislativa, en los últimos 11 años y tres gobiernos, son responsables de la crítica situación actual y de la eminencia de una insolvencia fiscal.

Lo único positivo de la rajada presidencial, que ha comprometido negativamente a nivel internacional al país, y que pone de manifiesto una vez más la inmadurez de este gobierno PAC, es la directriz ejecutiva para que el Presupuesto Nacional del 2018 tenga crecimiento cero. Eso está muy bien.

Eso obligará, por lo menos a los que tienen alguna posibilidad de ganar en segunda vuelta las elecciones presidenciales del 2018 (sean el PLN, el PUSC, el PAC y hasta al PIN) y a los otros, como el ML, el FA y los partidos menores, que aspiran sacar diputados y pescar en el mar tormentoso de la política nacional, a buscarle la comba al palo y encontrar una solución integral y definitiva.

 Y si no… ¿Qué van a hacer en mayo del 2018? ¿Cómo y con que platita de todos nosotros van a gobernar? 

La fiesta se acabó. La verdad no peca, pero sí incomoda y mucho.

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